Text and graphics © María Dolores Bolívar
Los botines sordos competían con el crujir del almidón de trajes y vestidos y el tintineo discreto de botonaduras de nácar o metal. Los vi desde las escaleras que daban al salón aunque, sin lentes, apenas percibí sus bultos, atareados. Repasé los detalles de aquel todo borroso, hasta que el último de ellos se escabulló por las junturas de las duelas. Un suspiro profundo atravesó el silencio con espontaneidad y desparpajo. Aquella fiesta extraña compitió, en cosa de segundos, con el tic tac de los relojes.

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