Text and graphics © María Dolores Bolívar
Sobre su finísimo platito de Sèvres, Taza temblequeaba apenas percibía los vapores de Café, oloroso y calientito. Taza no podía controlarse y se le abrían, sin querer, las flores repujadas que cambiaban, de rosa en rojo subido, ocasionándole tremenda vergüenza. Café se daba a desear, colándose lenta pero ruidosamente por los orificios del filtro, a cuentagotas. Taza hacía su mejor esfuerzo por contenerse y no dejar ver sus verdaderas intenciones, mientras Café fingía no darse cuenta de nada. Y cada mañana, a la misma hora, se repetía aquel ritual amoroso que terminaba en una apacible y larga cadenita de sorbos.

No comments:
Post a Comment