Text and graphics © María Dolores Bolívar
Agraviada por la pésima reputación con que se estigmatizaba a las de su género, entre los ya de por sí vituperados vulpinos, Zorra decidió tomar medidas drásticas. Demostraría que los humanos no tenían razón al juzgarla, tan a la ligera. Se cepilló la cola con un cardo y la aceitó con sábila para lucir más pulcra y recogida. Con lentes oscuros, de grandes pantallas, se cubrió los ojazos coquetones. Tejió una cadenita de palmas que se echó al cuello con elegancia inusual y envió recado urgente a sus vecinas Viuda Negra y Serpiente para comunicarles que cortaría con ellas.

No comments:
Post a Comment