Thursday, July 18, 2013

Nocturno

[I usually keep an eye on portraits, just in case...]

Text and graphics © María Dolores Bolívar

De noche los retratos cobran vida y quienes habitan en su interior aprovechan para estirarse, hastiados de la misma posición. Esto lo descubrí porque noté que los muebles, ventanas y pisos al otro lado de los marcos lucen limpísimos, como si a diario se sacudieran, fregaran o barrieran. Entonces me puse a espiar y pude ver el alboroto nocturno mientras se suponía que la casa dormía. Ahora entiendo por qué mientras el polvo se acumula en los libreros de casa, los de la casa de la abuela lucen impecables y algunos libros cambian de lugar.

Las horas vivas


[Killing time? And what if those murdered hours decided to live, instead?]

                                               Text and graphics © María Dolores Bolívar

Empeñado en recurrir al viejo subterfugio de matar unas horas de cada día para aligerar su carga diaria, el tiempo comprendió que nada podía contra el ímpetu de algunas horas tercas que se negaban a morir.

Los ojillos de mi ropero

[In general armoires and closets are kept private... This armoire was not an exception... or was it?]

                                               Text and graphics © María Dolores Bolívar

En general los roperos parecen ser un sitio seguro. Pero este de mi cuento estaba lleno de rendijas y orificios que, aunque lo hacían lucir interesante, y todavía discreto, comprometían, sin remedio, a los esqueletos que ahí habían sentado sus reales. No digo que fuese simple dar con ellos, pero bastaba que algún metiche descubriera ese fondo de sus ojillos por donde llegaban a transparentarse las cosas.

Mentira de espejo/Mirrors can lie

[And so our eyes can see with the help of mirrors. Or can they?]


                                                Text and graphics © María Dolores Bolívar

Hubo un espejo zalamero que decidió agradar a quien lo consultaba. De buenas a primeras se dio licencia para mentir y aseguraba que con buenas intenciones. La gente hizo fila con gran curiosidad y, al verse reflejada en él, parecía quedar contenta. Pero es imposible complacer a todos, así que aquella farsa trascendió con los demás espejos que no bien se enteraron, ventilaron la verdad, como era su costumbre, tal cual. Y como es tan difícil distinguir entre un espejo y otro, resultó que ya nadie volvió a confiar en los espejos.

La reina de esta selva

[And just when you thought you understood everything there is to understand about animals...]

                                             Text and graphics © María Dolores Bolívar

Luego de que Leona vio su silueta reflejada en el río pasó la tarde entera acicalándose. Se enmarañó la melena cuanto pudo; afiló sus diez uñas al punto del brillo. La parsimonia que aplicó en su cuidado revelaba motivación probablemente venida del espejo. Nomás estuvo lista se dirigió al sitio donde departían, desenfadados y en montón, los animales. Soy la reina, se oyó decir, irguiendo la cabeza convencida. La carcajada colectiva resonó. Herida de ánimos, Leona se fue, sin decir nada. Más tarde, atravesó la noche un rugido tan potente que ninguno de los animales de la selva pudo olvidar.

La taza que se derretía de amor

[Cup... in love with Coffee? Are you kidding me?]

                                            Text and graphics © María Dolores Bolívar

Sobre su finísimo platito de Sèvres, Taza temblequeaba apenas percibía los vapores de Café, oloroso y calientito. Taza no podía controlarse y se le abrían, sin querer, las flores repujadas que cambiaban, de rosa en rojo subido, ocasionándole tremenda vergüenza. Café se daba a desear, colándose lenta pero ruidosamente por los orificios del filtro, a cuentagotas. Taza hacía su mejor esfuerzo por contenerse y no dejar ver sus verdaderas intenciones, mientras Café fingía no darse cuenta de nada. Y cada mañana, a la misma hora, se repetía aquel ritual amoroso que terminaba en una apacible y larga cadenita de sorbos.

Bravo

[Give it a twist, an expresso shot, a line that you will be proud of.]

                                          Text and graphics © María Dolores Bolívar

Bravo corría y corría sin escatimar millas ni lamentar adversidades climáticas. Nada lo incomodaba, ni los vientos que llaman Santa Anna, ni los ciclones del golfo de México, ni los hombres a nado alborotando rápidos. Pero se secó de tristeza cuando le cavaron una zanja para levantar un muro. Igual que caballo brioso y hosco se desembarazó de las primeras vallas que le pesaron en el lomo y nadie supo qué fue de su caudal, que se estancó como las aguas malas. En su presencia todos se cuidan de repetir aquello de que nunca el río será el mismo río.

Zorra precavida

[Microfiction is short, but never simple.]

                                              Text and graphics © María Dolores Bolívar

Agraviada por la pésima reputación con que se estigmatizaba a las de su género, entre los ya de por sí vituperados vulpinos, Zorra decidió tomar medidas drásticas. Demostraría que los humanos no tenían razón al juzgarla, tan a la ligera. Se cepilló la cola con un cardo y la aceitó con sábila para lucir más pulcra y recogida. Con lentes oscuros, de grandes pantallas, se cubrió los ojazos coquetones. Tejió una cadenita de palmas que se echó al cuello con elegancia inusual y envió recado urgente a sus vecinas Viuda Negra y Serpiente para comunicarles que cortaría con ellas.

Salón desierto

[Microfiction or the trade of telling stories in just a few words.]

                                            Text and graphics © María Dolores Bolívar

Los botines sordos competían con el crujir del almidón de trajes y vestidos y el tintineo discreto de botonaduras de nácar o metal. Los vi desde las escaleras que daban al salón aunque, sin lentes, apenas percibí sus bultos, atareados. Repasé los detalles de aquel todo borroso, hasta que el último de ellos se escabulló por las junturas de las duelas. Un suspiro profundo atravesó el silencio con espontaneidad y desparpajo. Aquella fiesta extraña compitió, en cosa de segundos, con el tic tac de los relojes.