Text and graphics © María Dolores Bolívar
Hubo un espejo zalamero que decidió agradar a quien lo consultaba. De buenas a primeras se dio licencia para mentir y aseguraba que con buenas intenciones. La gente hizo fila con gran curiosidad y, al verse reflejada en él, parecía quedar contenta. Pero es imposible complacer a todos, así que aquella farsa trascendió con los demás espejos que no bien se enteraron, ventilaron la verdad, como era su costumbre, tal cual. Y como es tan difícil distinguir entre un espejo y otro, resultó que ya nadie volvió a confiar en los espejos.

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