Text and graphics © María Dolores Bolívar
Bravo corría y corría sin escatimar millas ni lamentar adversidades climáticas. Nada lo incomodaba, ni los vientos que llaman Santa Anna, ni los ciclones del golfo de México, ni los hombres a nado alborotando rápidos. Pero se secó de tristeza cuando le cavaron una zanja para levantar un muro. Igual que caballo brioso y hosco se desembarazó de las primeras vallas que le pesaron en el lomo y nadie supo qué fue de su caudal, que se estancó como las aguas malas. En su presencia todos se cuidan de repetir aquello de que nunca el río será el mismo río.

No comments:
Post a Comment